Generación en tierra de nadie, a medias entre la de Anchoa (“mi generación es la de la revolución por el coño” como sabiamente la definió) y la siguiente, no sé si X, Y o Z, que ya conocéis de sobra. Vivimos instalados en aquellos lejanos horizontes donde sólo germinaba la semilla de nuestros sueños y la esperanza de estos coloreaba nuestra ilusión por vivir. Recuerdo estos días mi Círculo de amigos (que buen nombre el de nuestro club) compruebo casi inequívocamente que todos encontramos refugio de una realidad ingrata, de ese futuro incierto, de una nostalgia por algo que nunca ocurrió, refugio en un presente inventado por nuestros anhelos. Todos huíamos de algo, de problemas con la familia, parejas, estudios, responsabilidades sin asumir, reacción vestida de mil maneras diferentes y era tal el ímpetu y la necesidad, que lo hicimos tremendamente especial, lo sentimos excepcionalmente.
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